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Escribe : Eduardo A. Volonté.....

A cien años de la Reforma Universitaria

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“Hombres de una república libre, acabamos de romper la última cadena que en pleno siglo XX nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resuelto llamar a las todas cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más”. No solo fueron estas palabras el inicio del Manifiesto Liminar dado por la “Juventud Argentina de Córdoba a los hombres libres de Sudamérica” durante los sucesos de la llamada reforma universitaria de 1918, sino también el inicio de un profundo proceso de transformación cultural.

El más importante del  siglo XX en el país, y cuyas proyecciones y postulados aún permanecen vigentes, y cuya repercusión internacional –especialmente en Latinoamérica- contribuyó a configurar un basamento educacional y cultural propio, en todos aquellos países  donde se extendió y aún perdura.

Movimiento quizás más profundo en su contenido y que se produjo 50 años antes de los sucesos protagonizados por estudiantes en París durante el “Mayo Francés”  de 1968. 

“El refugio secular de los mediocres” 

Fue la Reforma Universitaria hija legítima de la realidad social y educacional de entonces,  por eso se produce en la vetusta universidad cordobesa, último bastión de la resistencia al cambio que los tiempos y el adelanto de las ciencias  exigían.

El atraso científico de la universidad fundada por Trejo en 1613 llegaba al extremo de no contar su biblioteca  con un solo volumen de Darwin, o de incluir el programa de filosofía una bolilla dedicada a los “deberes para con los siervos”. La investigación era nula, los métodos primitivos.

Las cátedras, verdaderos feudos de cada profesor, eran manejados a su antojo por la poderosa tertulia denominada “Corda Frates”.

No en vano los estudiantes denunciaban que “las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y –lo que es peor aún- el lugar donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra de la dictadura. Las universidades han llegado a ser fiel reflejo de las sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil. Por eso es que la ciencia, frente a estas casas mudas y cerradas, pasa silenciosa, o entra mutilada y grotesca al servicio burocrático”.

Los hechos 

Contra este panorama se levantan los jóvenes universitarios. A comienzos de 1918 constituyen el Comité Pro-reforma que en marzo decide las huelgas por tiempo indeterminado; el 11 de abril el Presidente Yrigoyen decreta a su pedido la intervención designando a José Matienzo; ese mismo día se funda la  Federación Universitaria Argentina.

La intervención modifica los estatutos, democratiza la intervención de autoridades y convoca a elegir Rector el 15 de Junio, contando el candidato de los estudiantes con todas las posibilidades de éxito; sin embargo, merced a la acción de Corda Frates, el resultado es otro, y a partir de allí la historia comienza a precipitarse.

Los estudiantes burlados, decretan huelga general y el movimiento se extiende rápidamente en todo país. Los hechos se suceden hasta que gracias a la decisión del Presidente Yrigoyen de profundizar los contenidos del movimiento reformista, y mediante la designación del propio Ministro de Instrucción Pública como interventor se logra la aplicación de un plan de reformas que merece la adhesión estudiantil y por lo tanto la finalización de conflicto.-

Ese movimiento reformista iniciado en Córdoba y prontamente extendido a las restantes universidades nacionales [Bs. As. y La Plata], y las provinciales [Santa Fe y Tucumán], constituyó una verdadera revolución cultural en el país y América.

En realidad, con anterioridad a la reforma, no existía una genuina cultura nacional, los estratos sociales menos pudientes solo en muy reducida proporción accedían a los claustros universitarios.

La democratización que trajo la reforma produjo una apertura a todos los sectores de la comunidad sin más limitaciones que las inherentes a la natural capacidad de cada uno.

Sus postulados 

Sus lineamientos básicos pueden sintetizarse en  la democratización del gobierno universitario mediante la Autonomía para gobernarse a sí misma,  y el Cogobierno entre docentes, estudiantes, y graduados; la Periodicidad de Cátedras, para garantizar la renovación de ideas y un libre acceso a las mismas mediante Cátedras Paralelas; la Gratuidad de la Enseñanza como garantía de la igualdad; la Extensión Universitaria, parea insertar a la universidad en la realidad social y ponerla al servicio de los intereses  nacionales. 

No menos importantes  son los principios de asistencia libre, docencia libre, la publicidad de los actos universitarios; la ayuda social de los estudiantes; el sistema diferencial para la organización de las Universidades, también  sancionados por el Primer Congreso Nacional de Estudiantes realizado en Córdoba en 1918.

El contexto nacional y latinoamericano 

Es justo reconocer que ese movimiento de tan vastas repercusiones en el continente fue posible por un acontecimiento producido dos años antes: el advenimiento del radicalismo al poder.

La llegada de Hipólito Yrigoyen a la presidencia de la Nación significó el fin de toda una etapa histórica signada por el desconocimiento y menosprecio de la voluntad popular. El pueblo comenzó a sentirse protagonista de su propia historia, y la universidad como parte integrante de la comunidad no escapó a los nuevos tiempos, por eso que la lucha de los jóvenes estudiantes fue comprendida y apoyada por el Presidente.

Largo sería referirse a la proyección de la Reforma en Latinoamérica. Simplemente digamos que ella cundió rápidamente contagiando a los jóvenes universitarios de otros países.  Valga como ejemplo mencionar entre quienes contribuyeron a ello a Haya de la Torre en Perú, Germán Arciniegas y Rómulo Betancourt en Colombia y Venezuela, José Arévalo en Guatemala, José Vasconcellos en México; entre tantos otros  a lo largo de los años.

Presente y futuro 

Hoy, a cien  años de aquel movimiento, la realidad universitaria obviamente es otra. Los tiempos y los problemas son diferentes a aquellos de los años 18; no obstante, esta etapa –como aquella en su momento- requiere de la comunidad universitaria, imaginación, audacia y decisión para enfrentar las dificultades y hacer cierta una Universidad comprometida con el país y la búsqueda de alternativas superadoras.

No habrá futuro sin educación, progreso sin ciencia. Hoy más que nunca es necesario jerarquizar el conocimiento y la Universidad como ámbito para su producción.

La Universidad debe ser una herramienta al servicio de la inclusión y la transformación social, y lograr el acceso y permanencia en ella a los sectores de menores ingresos, un desafío a enfrentar.

Los postulados del 18 aún mantienen su vigencia. Es deber de los reformistas del presente adecuarlos a los tiempos y demandas actuales, manteniendo siempre los ideales democráticos, americanistas y de emancipación intelectual y espiritual que guiaron a los gestores de la Reforma Universitaria.

Y recordar siempre aquel mensaje del Manifiesto Liminar del 21 de junio de 1918 surgido de la pluma de Deodoro Roca : “Los dolores que quedan son las libertades que faltan”.-

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