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Escribe Abel G. Bruno.

Anécdotas del Servicio Militar Obligatorio

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En el año 1941, se encontraban en pleno funcionamiento en nuestro partido 16 puestos camineros a cargo del empleado municipal y sus respectivas familias. Con rastrines, palancas y dóciles caballos recorrían diariamente el sector que tenían asignado, que generalmente lucía “como un billar”. En dirección a Rauch, apenas transpuesto el puente del arroyo “El Perdido” y a la izquierda, se encontraba el puesto-vivienda de Horacio Tort, donde el 17 de agosto de 1940 nació uno de sus hijos, Raúl Alberto, quien en el año 1961 y después de haberle tocado el número de sorteo 988, fue convocado para cumplir con la conscripción en la Base Naval de Mar del Plata, donde fue dado de alta el 4 de enero de 1961. “Antes de haber sido convocado, trabajaba en el campo. Tanto salía a cosechar como en las esquilas. Cuando me presenté en la Base, era todo nuevo para mí. Me asignaron a la Escuela de Submarinos, donde cumplí diversas tareas en las instalaciones. En ese entonces había solamente dos submarinos, el Santa Fe y el Santiago del Estero”.

Raúl Alberto Tort, cuenta que si bien ingresó varias veces al interior de ambos buques, no navegó en ellos por cuestiones del servicio. “Era el único marinero ayacuchense en esa Escuela, aunque de vez en cuando me cruzaba en la Base con Alberto Sosa, con quien nos poníamos al día conversando principalmente de Ayacucho. Salía bastante seguido de franco. Cuando me tocaban dos días, aprovechaba para visitar a mi familia. Tomaba el colectivo de Arano, en el Hotel Central, y cuando no combinaban los horarios caminaba hasta Obras Sanitarias y siempre encontraba alguno que me llevaba”.

El 26 de mayo de 1962, fue dado de baja. “Después de un año y cinco meses de estar en la Escuela de Submarinos, me enfermé. El teniente de navío Juan José Lombardo, a cargo de la dirección, consideró que debía recuperarme en mi casa debido a que ya había cumplido con la mayor parte de mi servicio, y haber jurado lealtad a la Bandera, el 20 de junio de 1961. De esa manera retorné a la vida civil, donde me recuperé físicamente y comencé a trabajar enseguida en el horno de ladrillos de la familia Langhi, donde estuve tres años”. 

¿Fue positivo tu paso por la Marina de Guerra?: “sin ninguna duda. Aprendí y conocí muchísimas cosas, principalmente a valorar a mis familiares y amigos. Recientemente y por causa del hundimiento del submarino “San Juan”, recordé con mayor profundidad mi paso por la Escuela de Submarinos. El submarinista es un ser especial; un verdadero héroe aún en tiempos de paz y como tal, en estas tan lamentables circunstancias, a los cuarenta y cuatro tripulantes desaparecidos se los debe honrar permanentemente”. 

Raúl Alberto Tort, cuando fue enrolado el 17 de agosto de 1940.

Imagen actual de la Base de Submarinos de Mar del Plata.

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