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Parroquia Nuestra Señora de la Purificación

Evangelio del domingo....

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18 de Junio de 2017 - El Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo Evangelio según San Juan - Jn. 6, 51 - 58. Jesús dijo a los judíos: "Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo". Los judíos discutían entre sí, diciendo: "¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?". Jesús les respondió: "Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente".-

La eucaristía, don de vida y unión

Cuando realizamos la procesión de la comunión para recibir el sacramento, de la eucaristía, memorial de la muerte y resurrección de Cristo, proclamamos nuestra unidad en el Cuerpo de Cristo, que es su Iglesia. Los que creemos en este gran misterio, prolongamos la celebración con cantos cuando adoramos el Santísimo Sacramento, confiados en que este don se nos ofrece como alimento espiritual.

La identificación con este pan, es decir, la carne de Jesús, horrorizaba a las autoridades judías. No entendían eso de comer su cuerpo o beber su sangre, y estaba prohibido por la Ley (ver Lev 17, 14).

Jesús refuerza la idea de que, para tener vida, debemos alimentarnos de su cuerpo y su sangre. La carne y la sangre, en la cultura semita, forman parte de una polaridad que denota totalidad e integralidad. Hoy utilizamos estos conceptos para referirnos al conjunto de la persona.

Sabemos que el organismo asimila todo lo que ingerimos; por lo tanto, cuando comemos del Cuerpo de Cristo o bebemos de su Sangre, nos hacemos uno con él.

Jesús es el pan vivo, "el pan bajado del cielo". Este pan es superior al maná que comieron los israelitas en el éxodo. El maná solo servía para la vida terrena. El pan que Jesus nos da es el pan de la esperanza y el amor. Es una lástima que nuestro canto de comunión tenga tan poca fuerza, porque evidencia nuestra poca fe. La eucaristía es más que un rito, es un sacramento de unidad. Por eso, la Iglesia cree en esta presencia real de Cristo, porque es la fuerza de su unidad.-

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