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Escribe: Abel G. Bruno.

El melancólico silencio de un taller mecánico

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No necesariamente hay que “vivir en el pasado” para reencontrarse con los buenos recuerdos que nos acompañan a cada paso; como en la callada sombra en una tarde de verano y la tenue llovizna en los amaneceres invernales.

De tanto en tanto, suelo pasar por el ancho veredón que aún cobija el enorme portón de ingreso al otrora taller mecánico de la firma “A. B. Cordonnier e Hijos S.R.L.”, sobre la calle Bartolomé Mitre, casi esquina 25 de Mayo. Para los memoriosos, es imposible sustraerse al influjo que ejerció ese galpón, durante varios años, el tronar de los escapes del Chevrolet con el que Oscar “Cacho” Cordonnier, nos representó exitosamente en el Turismo de Carretera. Aquel parque automotor estuvo conformado por las extraordinarias “cupecitas”.

Cabe recordar una noche de domingo del año 1965, cuando “la vuelta del perro” estaba en todo su apogeo. De pronto, se sintió el ruido generoso del “Chivo” ingresando por la calle 25 de Mayo, rumbo a ese ex-taller donde lo aguardaban varios cientos de personas a las que se sumaron quienes desde la plaza principal, fuimos corriendo para recibir a “Cacho” y a su copiloto, Walter Bruno.

Oscar Erit Cordonnier, en su libro “Simplemente mis recuerdos”, escribe sobre ese Gran Premio “Dos Océanos”. La reproducción de ese capítulo es muy extensa, pero al menos recordaremos los últimos kilómetros de ese “enganche” en Viña del Mar, Chile, que le significó una victoria extraordinaria. El subtitulado pertenece a quien escribe:

                                                 Desde Mendoza a Azul                                                          

”Llegamos a Mendoza en el puesto decimosegundo. Desde este control a venado Tuerto ya estábamos cuarto en la etapa y primero de No Ganadores. Y empezamos a cobrar. Allí tuvimos que cambiar la tapa de cilindros porque perdía agua por los caños de escape. Pusimos una tapa que llevábamos de repuesto totalmente armada con resortes. Y largamos de Venado Tuerto (todo camino de pavimento hasta Mar del Plata, con una neutralización en Azul). En total eran 1.006 kilómetros de recorrido y no se podía hacer nada en el coche, ni siquiera reabastecer de combustible. O sea que teníamos que largar y parar, para cargar nafta. Llegamos a Azul en el tercer lugar en el camino y por tiempo. Hasta allí ganaba la etapa Hugo Gimeno con Dodge y en la general era puntero Emiliozzi. Pero Gimeno se quedó sin nafta, y no sé que es lo que pasó porque con la que le echaron rompió un pistón y no pudo largar, por lo cual me dediqué a correrlo a Emiliozzi.

                                         El apoteótico arribo a Mar del Plata

Al paso por Tres Arroyos le ganaba por tiempo (10 segundos) y de ahí a Necochea nos fuimos arrimando de a poquito en la ruta hasta que llegamos a esa ciudad a la cola de ellos y los pasamos después del puente colgante. Llegamos a Mar del Plata casi con tres minutos de diferencia, y ganamos la etapa. Para sorpresa nuestra, habíamos hecho 184 kilómetros de promedio (la verdad es que el motor y todo el coche fue un fenómeno). Al llegar al cruce que sirve para entrar a Miramar (Paraje Boliche “El Pito”), estaban “Pipo” Cestona con una lata de aceite Castrol en una mano y un aro de mensaje en la otra. Junto a él estaba su señora, Quinteros y señora. En el mensaje decía: “Cuidado, cunetas en Miramar-Suerte”. Yo ya lo sabía y me acordaba, pero el aviso no estaba de más, porque uno viene en ese momento que no sabe lo que le pasa. A la llegada al Faro Punta Mogotes, nos recibieron con la actuación de la Banda de Música del Ejército. Ahí me encontré con todos los míos: mi señora, los chicos y familiares que tengo en Mar del Plata. Más tarde nos estábamos refrescando con los Emiliozzi y me dijeron que cuando yo venía atrás, bastante lejos todavía, y vieron el techo amarillo claro que tenía mi coche, tuvieron la sensación que era el de Viale del Carril, un Ford Falcon clarito que venía segundo en la general. Pero se tranquilizaron cuando yo estuve más cerca. Y así terminó el Gran Premio Dos Océanos que largamos de Ayacucho con 300 mil pesos y cobramos en premios de dos etapas incluyendo la categoría de No Ganadores alrededor de 380 mil pesos”.  

A los pocos días de haber finalizado el Gran Premio “Dos Océanos”, rodeando al inolvidable Chevrolet con el número 9 en sus puertas, se observa al copiloto Walter Bruno (agachado). De izquierda a derecha: Luis Chinicola, Oscar Cordonnier, Josecito Cordonnier, Juan Banfi. Calin Traiani. Enzo Contino y José Cordonnier.

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